Soledad Acuña y Progresar, dos modelos educativos opuestos

La reconstrucción del programa Progresar desmantelado por el macrismo contrasta con las declaraciones hechas por la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña. Dos modelos de país, dos modelos del sistema educativo. 

20 de enero, 2022 | 00.05

La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, se atrevió a decir que los alumnos que abandonaron la escuela durante la pandemia se encuentran "perdidos en el pasillo de una villa, ya cayeron en la actividad del narcotráfico o tuvieron que ponerse a trabajar" y descartó sus reinserción. La reconstrucción del programa Progresar que lleva adelante Nación contrasta con las declaraciones de la exponente educativa del PRO en la Ciudad de Buenos Aires.

La ministra aseguró que la deserción escolar en el distrito, desde marzo de 2020, escaló a 6.500 alumnos y añadió: "Había 400 que no pudimos revincular porque tenían una situación de vulneración de derechos muy difíciles, que necesitaban intervención del Estado, desde otras áreas no solo educativas". Además, señaló que para este año son 100 menores los que continúan alejados de la escuela, aunque sostuvo que "después de dos años, es muy tarde para salir a buscarlos, esos chicos seguramente ya están perdidos en un pasillo de una villa, ya cayeron en la actividad del narcotráfico o tuvieron que ponerse a trabajar". 

No se trató de la primera "frase desafortunada"-para evitar adjetivos menos elegantes- de Acuña al frente de la cartera de Educación. En noviembre de 2020 circuló un video donde se puede ver a la ministra estigmatizando a los docentes y a los institutos de formación. "Y si uno mira por nivel socioeconómico, o en términos de capital cultural, la verdad son de los sectores cada vez más bajos los que eligen la carrera docente", había soltado. La ministra porteña afirmó que quienes eligen ser docentes son “cada vez más grandes de edad, que eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras”.

Estas duras palabras se replican en los números de Juntos por el Cambio durante su experiencia en la gestión nacional. El presupuesto educativo disminuyó un 35% durante la administración de Cambiemos. La evolución del presupuesto en los cuatro años reflejó una retirada del Estado: la educación pasó de representar el 7,8% del presupuesto total en 2016 al 5,1% 2020.

En la Ciudad, el último presupuesto estimado para este año también se diagramó en la misma sintonía. En Educación y cultura, mientras que en el presupuesto nacional los recursos destinados crecen de manera real un 21,1% en relación a 2019, “en el presupuesto de la Ciudad se muestra una desinversión de 1,3%”, analizó un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda.

El contraste de Progresar

Progresar es una política de asistencia económica y pedagógica que puede resultar un complemento de enorme relevancia para acompañar las trayectorias educativas de los jóvenes que hayan visto interrumpida su educación o se hayan desvinculado del sistema educativo. 

Si hubiera que buscar un ejemplo para graficar el modelo de ajuste implementado por el presidente Mauricio Macri en estos cuatro años, tal vez el programa Progresar sea la mejor opción. Desde la llegada de Cambiemos a Casa Rosada a fines de 2015, el monto se mantuvo congelado en $900 durante dos años. En ese lapso, la inflación acumulada fue del 65,1% y las tarifas de transporte se dispararon hasta el 150%, algo que afecta de forma directa a toda la comunidad estudiantil que se moviliza hacia las diversas instituciones educativas. 

Sin embargo, fue a principios de 2018 cuando el macrismo dio el quiebre definitivo. El Gobierno transformó al programa en una beca, se dividió a las carreras en dos categorías: estratégicas y comunes, con montos mayores para las primeras. Además, se estipuló que aquellos que tengan mejores notas recibieran un ingreso extra. Claramente, se trató de una medida enmarcada en la visión meritocrática de Cambiemos, que no contempló una realidad irrefutable en nuestro país: el grueso de los alumnos estudian y trabajan a la vez, lo cual hace dificultoso sostener las calificaciones solicitadas.

Además, la cantidad de cuotas se redujo de 12 a 10 cuotas mensuales, mientras que los requisitos para ingresar a la beca se endurecieron con trabas administrativas, como la disminución de plazos para anotarse a 30 días en el mes de marzo. Las cifras son contundentes: en el último año de mandato de Cristina Kirchner, los beneficiarios eran  724.000, mientras que en el fin de gestión macrista descendieron a 552.000. 

La pandemia de Covid-19 agudizó las desigualdades para la inserción en la escuela secundaria, sumado al desmantelamiento del Programa Conectar Igualdad que obstaculizó el acceso y el ejercicio del derecho a la educación de los adolescentes y jóvenes. Por ello, el Estado consideró conveniente ampliar la prestación del programa de forma que alcance a la franja etaria de 16 a 24 años inclusive.

Con los últimos anuncios hechos por el Gobierno para relanzar el programa, el número de inscriptos ya alcanzó a 266.437 chicas y chicos de 16 y 17 años para la ampliación de Progresar. De los mismos, 255.593 asisten actualmente a la escuela; mientras que 10.844 retomarán sus estudios con esta beca, según informó la cartera educativa nacional.

El ministro de Educación, Jaime Perczyk, comentó que la política educativa, que ya lleva una inversión anual de $ 70.000 millones, pretende mejorar las condiciones para el sostenimiento de las trayectorias pedagógicas de estudiantes de escuelas secundarias que necesitan fortalecer aprendizajes y finalizar la educación obligatoria.

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